Enseñar a tu gato a hacer sus necesidades en la arena es fundamental. Incluso si el gato puede salir al exterior, este aprendizaje puede resultar muy práctico. Y, aunque en general sea un acto natural, no siempre resulta fácil… Verás por qué.

Hacer sus necesidades en la arena generalmente es innato en un gato. Sin embargo, si adoptas una cría que todavía no está acostumbrada a ello, debes enseñarle a utilizar la bandeja sanitaria animándola a ir en momentos estratégicos: por ejemplo, al despertarse por la mañana, después de cada siesta o después de cada comida, lo pones encima de la arena, lo dejas tranquilo y lo felicitas si lo ha hecho bien. Poco a poco, el gato entenderá cuál es el lugar para hacer sus necesidades.

¿Qué bandeja y qué arena debes elegir para tu gato?

¡El lugar tiene que gustarle! Esto es lo más importante. De hecho, Stéphane Tardif, doctor veterinario conductista, dice que “un gato puede ser muy difícil con la arena. Concretamente, en su espacio vital identifica uno o más lugares para hacer sus necesidades, que corresponden a criterios específicos, a veces muy diferentes entre un gato y otro: el lugar tiene que estar más bien aislado, tranquilo, tiene que haber con qué escarbar y cubrir sus necesidades o, en caso contrario, la superficie tiene que ser absorbente. A algunos gatos les basta con una sola zona para todas las necesidades, pero otros lo quieren separado y se niegan a usar una arena que ya esté sucia…”.

Lo primero a elegir será el tipo de gránulos. Conocemos la arena absorbente, que tiene la gran ventaja de formar bloques con los excrementos, lo que permite retirarlos de inmediato y mantener la arena limpia. En el caso de la arena no absorbente, esta debe cambiarse regularmente. También hay sistemas con bolsas de plástico que cubren el fondo de la arena y permiten cambiarla de forma fácil y rápida. Los gránulos biodegradables también son interesantes ya que el volumen de arcilla utilizada en la arena genera una gran cantidad de desechos, por lo que resulta un gesto ecológico. Pero primero hay que comprobar que el gato tolere el olor.

Los aditivos para reducir el olor urinario a menudo no son suficientes: enmascaran el olor en la nariz del propietario, pero el gato tiene un sentido del olfato mucho más sensible. Si la arena huele mal es porque está sucia y será necesario cambiarla.

En cuanto a la bandeja sanitaria su elección también depende de los gustos del gato: algunos se niegan a utilizar un lugar cerrado con olores evidentes, mientras que otros, por el contrario, necesitan hacer sus necesidades en un lugar más apartado. En este sentido, la caja de aseo Curver es ideal gracias a su forma cerrada y su puerta abatible extraíble, pues permite al gato hacer sus necesidades en un lugar en el que se siente seguro. Resulta práctico gracias a su sistema de cajones y es fácil de limpiar, ¡lo cual resulta agradable tanto para el gato como para el propietario! Además, ten en cuenta que una bandeja sanitaria cerrada se evita que la arena se esparza por el suelo, , ¡Un detalle importante para no perder tiempo en aspirar o barrer!

Finalmente, el doctor Tardif indica que “es necesario que la bandeja sanitaria sea al menos 1,5 veces más grande que el gato, y disponer de una bandeja sanitaria más que el número de gatos que tengamos en casa”. Por ejemplo, si tienes dos gatos, es muy recomendable tener tres bandejas sanitarias repartidas en diferentes zonas de la casa.

Ya te habrás dado cuenta que ¡Con las necesidades de los gatos no se puede hacer broma! De ahí la importancia de elegir bien tanto la bandeja como la arena,de lo contrario, podemos acabar con pipís por toda la casa…