Si fuera suficiente con aplicar las directivas del fabricante del frigorífico para que la nevera estuviera bien organizada, lo sabrías. Además a veces no tenemos (o hemos perdido) las instrucciones. ¿Cómo ordenar la nevera para que la higiene sea inmejorable, el consumo de energía no sea mayor del necesario y sirva como lugar de almacenamiento?

¿Deberías reconsiderar algunos (malos) hábitos?

Hábito n.º 1: el amontonamiento

Botellas mezcladas con cebollas, mallas de frutas, productos varios amontonados de cualquier manera… El desorden está al acecho y la higiene corre el riesgo de resentirse.

Solución:

Agrupar los alimentos por tipo. ¿Por qué?

  • Para evitar la contaminación entre productos que vienen de la tierra y carne, por ejemplo;
  • para saber qué reservas tenemos, en segundo lugar. Así evitarás comprar más yogures cuando te quedaban algunos escondidos al fondo de la nevera;
  • por último, para que cada alimento tenga un lugar lógico y siempre el mismo.

Si quieres evitar que los tuyos guarden sus productos preferidos de cualquier manera, te recomiendo poner (al principio, en todo caso) etiquetas con una etiquetadora (por ejemplo: bebidas/productos lácteos/restos, etc.) en los bordes de las rejillas o en los laterales (ver foto de más abajo). Incluso puedes determinar que un estante lo utilicen una o varias personas. Muy práctico cuando se comparte piso para evitar que unos se coman el postre de los otros.

Así ayudarás a que los miembros de tu familia respeten los lugares asignados.

 

Hábito n.º 2: las prisas

A veces, pensando que ganamos tiempo y, confesémoslo, un poco por pereza, metemos directamente en la nevera una cacerola con restos de pasta. Pero no es una buena idea.

Por una cuestión de espacio, ante todo. Una cacerola redonda, con su tapa y su mango, ocupa mucho espacio. Además, su forma tan poco práctica complica el almacenamiento de otros alimentos. En segundo lugar, por una cuestión de consumo de energía (la comida permanece mucho tiempo caliente y obliga a la nevera a forzar la temperatura).

Solución:

Pasa siempre los restos a recipientes Curver pensados para ese uso, con tapa, respetando siempre la regla del «DOS»: dejar enfriar la comida un máximo de dos horas a temperatura ambiente y guardar los restos un máximo de dos días en la nevera.

 

Hábito n.º 3: el exceso de variedad

Te encantan las salsas y condimentos variados y siempre tienes la nevera llena de ellos. Pero como las botellas y frascos tienen diferentes tamaños y no se han comprado en el mismo momento, algunos están en la puerta, otros dos en el estante de arriba, la botella grande al fondo… Con razón compras a veces salsas repetidas, «por si acaso…».

Solución:

Recuerda que las rejillas suelen ser ajustables. No dudes en moverlas para poder juntar botellas y frascos en un mismo lugar. Aunque pierdas un poco de altura, ahorrarás, porque no comprarás condimentos repetidos.

 

Hábito n.º 4: exagerar

Por precaución, lo metes absolutamente todo en la nevera. Incluso lo que no se debe meter como, por ejemplo los tomates, que pierden su sabor, o la miel, que se solidifica y no necesita frío. Obstrucción de la luz, envases demasiado apretados… el aire no circula bien entre los alimentos. Ni es sano ni se ve nada. Quizá no sean las mejores condiciones de conservación.

Solución:

En nuestras latitudes no hay por qué guardarlo todo en la nevera. Los huevos, bueno, por qué no. ¡Pero no las fresas!

 

Además de las soluciones mencionadas, existen buenos hábitos para tener una nevera bien ordenada:

  • Primero, una selección semanal: ¿en qué estado están los restos de condimentos, verduras y alimentos cocinados? No tengas piedad: ¡nada de experimentos de química en la cocina!
  • El mejor momento para inspeccionar la nevera y limpiarla con agua tibia y vinagre es antes de ir a la compra.
  • Procura que se vea absolutamente todo sin tener que mover nada (o tener dotes adivinatorias), instalando medios estantes si es necesario.
  • Coloca delante los productos que hay que consumir antes (ver las fechas de caducidad).
  • Y retira los embalajes externos y cartones varios.